27.05.2005
ORFEO ES LA MÚSICA
Este camino/ ya nadie lo recorre/ salvo el crepúsculo
Matsuo Bashoo
La Lira
Pitágoras desarrolla la ley del cuadrado de las proporciones, que señala que una cuerda musical da los propios sonidos que otra cuerda, cuya longitud sea el doble. Cuando la tensión o la fuerza con que esté atirada esta, es cuatro veces mayor a la gravedad de un planeta cuádruple en tamaño y el doble de otro que esté a similar distancia.
Por lo general, para que una cuerda sonora pueda vibrar al unísono con otra más corta de la misma especie, su tensión deberá ser aumentada en la misma proporción que el cuadrado de su longitud mayor, y a fin de que la gravedad de un planeta resulte igual a la de otro planeta más próximo al Sol, deberá ser aumentada al cuadrado de la distancia del astro solar más grande.
Si superponemos varias cuerdas musicales tendidas desde el Sol a los planetas, para que vibrasen al unísono de tonalidad sería necesario aumentar o disminuir su tensión respectiva en la propia proporción que sería necesaria para hacer iguales las gravedades de los planetas.
Lyra es la Lira de Orfeo. El Príncipe Tracio, músico de los Argonautas. Hijo de Apolo y de la ninfa Calíope quienes le dan la Lira como regalo. Orfeo logra interpretarla de tal modo que incluso las bestias salvajes, rocas y árboles son encantados por su música. Él siente un profundo amor por la ninfa Eurídice.
Sin embargo, su boda no permaneció bendecida mucho tiempo. Pues, Eurídice vagaba por los campos con otras ninfas cuando fue vista por el pastor Aristeus, quien quedó impresionado por su belleza y la persiguió, sin que existiese reciprocidad.
Mientras Eurídice huía fue mordida por una serpiente en la hierba mueriendo producto de su veneno. Orfeo quedó devastado[1], pero decidió buscar a su esposa en el inframundo, reino de Plutón y Perséfona (Proserpina en algunos textos) quienes como el resto, quedaron cautivados por su música. Ganando su permiso para tomar a Eurídice y llevarle de vuelta a la tierra de los vivos.
Ellos llamaron a Eurídice mas no hubo respuesta, ella estaba entre fantasmas. Orfeo la recibiría a condición de no mirar hacia atrás, hasta haber emergido del valle del Averno, o el regalo que le había sido concedido sería arrebatado. A través de la oscuridad y el silencio ellos ascendieron por la vía.
Orfeo ansioso, por la posibilidad que su esposa no fuera lo suficientemente fuerte como para alcanzar la salida, la mira y Eurídice es devuelta a las profundidades, muriendo por segunda vez con el último adiós de su amado, como lo relata Ovidio en su “Metamorfosis” (X 47-63).
De acuerdo a esto, Orfeo fue inflexible ante el acercamiento de las mujeres de Tracia, y prefirió la compañía de jóvenes varones. Las mujeres se enfurecieron y durante los ritos de Baco lanzaron piedras al bardo. Las piedras enmudecieron el sonido de la Lira, Orfeo se sintió debilitado y cayó ante los gritos indefenso. Las mujeres desmembraron su cuerpo y arrojaron su Lira y su cabeza al río Hebro. Las Musas reunieron sus miembros y los enterraron.
Orfeo fue al inframundo a pasar la eternidad con Eurídice. Júpiter mismo lanzó la lira del bardo al cielo. Lira puede ser reconocida fácilmente, puesto que contiene a Vega, a cero magnitud, la segunda estrella más brillante. Vega es también parte del triángulo del verano, formado con Deneb y Altair.
En este contexto, la metamorfosis es entendida como la acción o proceso de cambio en forma o sustancia. Ha sido considerada como vía, curso o destino, con alusiones de tiempo (antes y después); secuencia de un estado a otro, paso y conclusión. El peligro de la monotonía es abordado por una serie de variaciones que, a través del cambio, tomaron substancia tornándose en sublime poema.
Un Orfeo del Pacífico
En los primeros años del siglo XX, se desarrollaron en Europa numerosos movimientos vanguardistas. Entre ellos destacó el cubismo literario, consecuencia del pictórico legado de Picasso, Braque y Gris.
Apollinaire es considerado como el teórico del movimiento. De hecho, se señala como fecha inicial del cubismo el año 1913, cuando publicó su libro “Los pintores cubistas”, en defensa de este grupo, y en el mismo año ve luz también su obra “La antitradición futurista”.
Don Rosamel del Valle incorpora los contenidos de las vanguardias europeas, su literatura se caracteriza fundamentalmente por la fragmentación de la realidad para luego volverla a componer (especie de decontruccionismo). Creador de poemas, novelas, crónicas, ensayos y revistas.
Moisés Filadelfio Gutiérrez Gutiérrez[2] quien toma el seudónimo de su amor de juventud, Rosa Amelia del Valle, escribe el poema “Orfeo”, obra que circunscribe nuestro corpus y que nos invita a la resurrección del sueño.
La travesía órfica comienza. Son años de bohemia en los bares de Matucana y Quinta Normal. Calle San Francisco 328 y Eleuterio Sánchez. “El poeta se convierte progresivamente en un callejero, un habitante de la urbe moderna que se dirige hacia aquellos sectores opacos, desconocidos o, por el contrario, excesivamente centrales de la vida citadina para participar allí del rito, es decir, de la manifestación concreta aunque profundamente transformada, profanada y degradada, del fundamento mítico”[3].
Al parecer los ángeles favorecen el entorno, puesto que los rosamelianos niegan toda dependencia del poeta respecto a Huidobro o Neruda. Así, en la saga hermética participan Ovidio, Eurípides, Novalis, Hölderlin, Blake, Chaucer, Shakespeare, Shelley, Browning, Auden, Leopardi, Rilke, Poe, Nerval, Baudelaire, Verlaine y Milton.
Sin contar con la materialidad musical propia de Del Valle, encontramos obras como: “La Descente d'Orphée aux Enfers” (1687) de Marc-Antoine Charpentier, y “Orfeo i Ewridika” (1791) de Jewstignei Fomin; en “La Mort d'Orphée” (1827) de Hector Berlioz; en la sinfonía “Orpheus” (1854) de Franz Liszt; en los “Nocturnos” (1899) de Claude Debussy; en “Les Malheurs d'Orphée” (1925) van Darius Milhaud; “Der Neue Orpheus” (1925) de Kurt Weill; “Orfeo y la sirena” (1947) de Igor Stravinsky. También, en el soundtrack del film brazileño “Orfeu Negro”; en “Orpheus” (1979) de Arthur Dangel; en la “Ouverture to Orpheus” (1982) de Louis Andriessen; y en “Orpheus behind the wire” (1983) de Hans Werner Henze.
¡Somos legión! Aseveraría con prontitud el demonio. Ya que, además, se concretizarían en éste mal personificado: Marcuse, Blanchot, Pound, Eliot, Bretón, Aragón, Cocteau, Eluard y Apollinaire. Y, por supuesto, nuestro invitado de honor don Rosamel del Valle.
Señala un crítico en torno a este último: “Su poesía es fanopoiética, para usar la caracterización de Ezra Pound. Es decir, evoca imágenes que no conducen al Logos. Sin embargo, tras su lectura te das cuenta que ellas trasuntan la concepción de un universo...Su poética es el resumidero de una cultura que ha alumbrado, precisamente aquí, un Orfeo del Pacífico”[4].
El antologador y autor del libro “Rosamel del Valle: Un Orfeo del Pacífico”[5], Hernán Castellano Girón, puntualiza que “el poeta chileno no es un apéndice bretoniano. Hubiera existido igual, con o sin André Bretón y los surrealistas ortodoxos”. Aún así, reconocemos las influencias del surrealismo, del creacionismo y del futurismo en su obra, recuperada en manos de la obra rosameliana autores como Cristián Formoso, Ismael Gavilán y Cristián Gómez, además de la profesora María Eugenia Urrutia.
Se destaca especialmente su “Obra poética” editada el año 2000, volumen I y II. Compilación, prólogo, bibliografía y notas de Leonardo Sanhueza, con collages de Ludwig Zeller, obra que vio la luz gracias J.C. Sáez editor; donde sólo se excluyeron los “Poemas Lunados”, primer libro que el mismo autor destruyera.
El autor se presenta contrario a las doctrinas de las ideas (Logos) dentro del cual los objetos se nos presentan y hacen posible la experiencia y la verdad como correspondencia. Logrando así, ir más allá del nihilismo y del tomo apocalíptico de la filosofía actual (Derrida), donde el hombre es instrumento de manipulación y el comportamiento moral se estructura sobre la cadena de producción (capitalización del deseo, Guattari). El ser se objetualiza en razón instrumental, mas esta dinámica no es incorporada por el autor en sus contenidos.
“Con la publicación de Orfeo (1944) la obsesión del autor se hace presente como un proyecto definido: explicar (por ambigua o paradójica que resulte tal empresa) la existencia del hombre a través del mito...
...Se trata de un poema caudaloso, monumental y serio, que Rosamel reescribirá una y otra vez en el resto de sus libros, acaso releyendo el mito y su propia poesía con una mayor soltura de cuerpo, aproximándose más y mejor al espíritu de la música que en su supuesta obra magna”[6].
En este contexto, nuestro objetivo es situar el código rosameliano como propio del hermetismo y orfismo. Para ello hay que fijar un corte sincrónico, una suspensión y observar el comportamiento del texto:
“ORFEO” de Orfeo [7]
1 He aquí una fuente para dormir, una claridad sin abrirse,
Sola en el tallo del sueño.
Bien venido, viajero devorado que te asomas
4 Ciego desde el agua a la tierra.
Todo se vería pasar por un puente de vidrio
Sin la oveja de la sangre, abatida de calor.
Pero no el cántico, el gozo, el cuerpo asomado
8 Por detrás de los árboles del infierno;
La luz en el abismo, el paso hacia atrás.
Día de los días oh, imagen viviente sobre el fuego,
Vestida de ángel detrás de los cielos
12 Y de las cosas petrificadas que celebran la muerte.
Alrededor, nada más que alrededor:
En las bodas del agua y del fuego.
O en la ascensión del pez infernal
16 ¿Vienen los coros? ¿Viene la espada del trueno?
¿Los cánticos blancos? ¿Gimen los dioses reunidos?
Alrededor, nada más que alrededor.
Nadie sale al encuentro. Nadie cubre las huellas.
20 Al fin en el espacio que cruzan ángeles y demonios,
Y donde el hombre se quema los pies.
Pero el agua, el agua muerta revive y lava la noche.
Y todo se queda alrededor, nada más que alrededor.
24 Y qué bella fábula es la fábula del luto.
La cabeza cerrada, el mundo afuera.
El rumor del cuerpo caído de noche en el abismo;
El golpe de luces rasgadas a lo lejos:
28 “En la sombra infinita, por fin”.
Y alma y cuerpo fuera de la ciudad, transidos
En un invierno de llanto negro y sin puertas.
“¡Oh piedras, venid a mí rodeadme!”
32 Fábula, fábula. La hermosa fábula del luto.
En alguna parte la estrella y en alguna altura las llaves.
Alrededor, nada más que alrededor.
Oh la sal perdida de la boca.
36 En la orilla movible de la tierra.
El hombre sin coros, el hombre tras de sí.
Perdida la edad, cálido, radiante, reunido.
Tomado de la mano por la noche.
40 Entre serpientes y lluvias.
¡Y mi esperanza, la roca de fuego de mis sienes.
Aro en llamas delante de mí!
Pero la tiniebla es una abeja pegada en el aire.
44 Cuánto tiempo ahí, en el sonido, en la estatua.
Amada por el relámpago y la noche.
Y el viento y las nubes y el júbilo terrestre.
Con sólo respirar en la ceguera y caer.
48 Deshecha de pronto, deshecha en imagen y cuerpo
Hacia los abismos sin par y la sed.
Tocada por la corona de una voz irritada.
En el cálido extremo de la tierra.
52 Y el himno de las visiones que llegan de una en una.
¿Quién eres? Cerrada está mi boca, ahogados sus cirios.
Esposa mía, y siguiéndote entre un vapor
De manos solas en la noche.
56 Hay a mi alrededor extrañas puertas de vencido cerrojo.
Una estrella en un trono, una cabeza en un árbol.
Y sobre todo la voz irritada, el temblor sentado en el agua.
¡Oh cólera de mi estatua, permanente sed al borde de todo!
60 Aquí están mis secretos tanto tiempo rehenes
En una iluminación fría, nocturna, cerrada en la frente.
Y la varilla de oro, la lengua que hizo danzar el polvo
En la danza fuera del día y de la noche.
64 Extenuado pie sin música, en un tiempo mío y ahora
De la tierra, semejante a la raíz y a la lluvia.
Pero ha conocido el brillo debajo de las cosas
Entre las serpientes y las águilas reflejadas.
68 Haciéndose silbido y movimiento en la cabeza del agua
O sombra desde el aire a las hojas, hacia el cuerpo
Distanciado en los umbrales del sueño, en el fulgor.
Donde el hombre desciende de golpe a sus minas.
72 ¿Qué será de nosotros sin el quehacer sin luces,
Sin el doble eco hacia el que tendemos las manos?
Un solo día, una sola vez sin este agitado calor.
Sólo una noche sin el movimiento de la raíz enterrada.
76 ¡Oh fuerza de oro de la zona prendida
Al extraño vacío de los dioses ausentes!
Pero no, ahora ni el cántico; ahora ni el sonido;
Ni la llama en los cabellos, ni la tempestad en las piernas.
80 El descenso, nada más que el descenso por vertientes de fuego.
Por arte de tinieblas, al borde del vaso donde las bocas
Viven la diabólica ebriedad de la abeja.
La eternidad en un puente melodioso, en un acto sin ruido,
84 Debajo de las sirenas anidadas.
El descenso, nada más que el descenso. Y todavía
Humedad terrestre, soles, colinas, aguas armoniosas, tempestades
Asidas al cuerpo sin luz, al ruido, al horror.
88 ¡Eurídice! ¡Eurídice! Este es el lecho que huía
En las barras silenciosas de tu cuerpo.
Lo soñado en los cantos de las colinas,
El pecho cruzado por el amor, los ojos anulados.
92 Aparta el miedo y sus artes, corta las llamas de raíz.
¿Qué es la respiración del hombre entre los hombres?
Oh nuestra noche, una varilla ardiendo; febriles voces
con el rayo del corazón fuera de los anillos.
94 Unidos en la copa volcada deseábamos contenernos,
Ir hacia el cántico arrojado a las hogueras
Por bocas selladas por la bella araña de la muerte.
Pero yo había soñado y el sueño es una tijera
100Abierta por los ángeles de la noche.
La comprensión epistémica
¿Dónde esta el sujeto en el código órfico? Para abordar tal cuestión existen modelos explicativos, teorías implícitas y representaciones sociales. Hay códigos abiertos que descubren categorías que incluyen propiedades de contextos, fenómenos y estrategias, análisis selectivo e interpretación, constitución de unidades hermenéuticas, creación de códigos y categorías. Invención de networks y resignificados. Por tanto, existen criterios temporales que legitiman y justifican la temática. No obstante, cabe sólo una única aseveración: el texto debe sostener su lectura, puesto que la materialidad textual es en sí misma. En cualquier caso, el mundo es textualidad, o sencillamente: Escritura.
Tal aspecto abre un horizonte de expectativas, ya que denota la función vehicular de la poesía para permitirnos acceder a un plano mayor, a uno que signifique más que el tiempo de lectura invertido, puesto que el sistema utilizado para transmitir el contenido de la comunicación mantiene vínculos indisolubles con la vida circundante.
El poeta como sujeto lingüístico asume un sistema de valores, de secuencias y dominación, en donde el lenguaje no reproduce una realidad, sino que es un mecanismo de control e insertos socioculturales en el proceso de identidad.
Esto nos remite a un mapa disciplinario que establece los límites de un universo conocido, “puesto que convergen en un tipo especifico de poema los códigos arquetípicos de la mente humana, los códigos de la poesía en general, los de la época, los de tendencia y genero, y aquellos que pertenecen al ámbito de la mitología personal, o universo poético del autor, es decir la jerarquía de sus motivos recurrentes”[8].
En torno a la comprensión epistémica, tanto T. Kuhn como M. Foucault otorgan un papel importante al lenguaje en la constitución del saber. No bastan las pruebas experimentales o los argumentos, se recurre a la retórica y la lógica. En ese contexto, el método hermenéutico (exégesis) es el rescate del sentido oculto en la palabra, que tiene una pluralidad de sentidos destacando que la interpretación es siempre algo inacabado.
La hermenéutica supone “una subjetividad fundadora” que es el origen primero, interioridad oculta tras la exterioridad manifiesta. La exégesis descansa sobre el supuesto de un gran texto oculto en el cual, su interprete rescataría su sentido oculto. “Cada discurso ocultaba el poder de decir otra cosa de lo que decía y de envolver así una pluralidad de sentidos”[9].
La exégesis remite a un telos, es decir una finalidad oculta pero ya adelantada, el sentido es la intención de una conciencia, el telos de un sujeto que trata de alcanzar “la revolución total a partir de lo cual todo se organiza”[10].
Episteme “es el conjunto de relaciones que pueden unir en una época determinada, las prácticas discursivas que originan ciertas figuras epistemológicas. La episteme no constituye un conocimiento ni una forma de racionalidad, ni se orienta a construir un sistema de postulados y axiomas, sino que se propone recorrer un campo ilimitado de relaciones, recurrencias, continuidades, discontinuidades”[11].
Albano reseña esta categoría denominada Episteme “a la suma o conjunto de saberes y categorías objetivas que determinan la apertura y cierre de los conocimientos, conforme a un régimen de aparición, permanencia, vecindad, analogías, diferencias... Estas epistemes no responden a una periodización histórica, sino que su criterio de demarcación se basa en la serie de procesos discursivos que tienen lugar en su interior, y que bajo su efecto, condicionan la aparición , emergencia, y caducidad de ciertos objetos y enunciados ”[12].
Episteme es el saber del código fundamental de una cultura se ubica, de acuerdo al método arqueológico, en las certezas y no en la doxa. Los códigos cubren una gama muy amplia de saberes de una época, muchas de ellas no científicas. El método arqueológico, utilizado por Foucault, señala que el código de la cultura sólo nos es accesible a través del estudio del lenguaje y de los discursos, por tanto, se trataría de un método discursivo.
En “Las palabras y las cosas” Foucault señala, que “la gramática de los seres es su exégesis. Es decir, el lenguaje, el discurso, y el código son las estructuras en la cual pensamos las cosas.
La episteme misma no es posible sino como una experiencia del lenguaje y en el orden de las cosas en el que dice existir. Foucault buscó un orden en el espacio-temporal delimitado de la cultura que permitía la emergencia y acceso a la palabra en un espacio contextual delimitado. Es decir, “los códigos de la cultura puesto que ellos disponen de cierta experiencia del orden de las cosas que la luz de la Ratio ponen al descubierto.
Así, el ser ha puesto en marcha cierta experiencia de lo Mismo y lo Otro... La ratio experimenta el orden de las cosas disponiendo en un cuadro taxonómico las identidades que asemejan las cosas las unas a las otras en un orden que nos es familiar. Pero a la vez dispone las identidades en esa experiencia del orden también pone otras cosas como lo otro, lo que no tiene parentesco con esa red de semejanzas sino que precisamente quedan excluídas”[13].
El código rosameliano
El lenguaje natural tiende hacia la expresión, por medio de operaciones lingüísticas que subrayan el contenido del mensaje. El debate de la teoría del formalismo ruso esta centrado en torno al “discurso práctico frente al discurso poético” como lo señala Todorov en 1965. Para Jakobson, el ritmo puede ser considerado como una proyección del principio paradigmático de selección y equivalencia sobre el eje sintagmático de selección o lineal. En este sentido la poesía es un medio de resaltar el mensaje, en donde el verso es la presentación.
Ahora. Sin pretender que todo el tema se reduzca al nivel de especificidad, contenido, formato, diseño profundo, estructura profunda, y estructura formal (superficial). Cabe mencionar ciertos supuestos. Si habitar es hacerse uno con el contexto, Don Rosamel logra escribir antes que habitar. Solitario. Hermético. Augural. Siempre esperando la llegada de la hora de la renovación.
Por tanto, en la temática dentro del código[14] existente en la obra rosameliana notamos la manifestación de una invariable temática central. Como marco de descripción debemos señalar que, en último término, el esfuerzo se despliega en torno al “mostrar en términos de operaciones artísticas universales la manera en que los componentes del texto emanan retóricamente del tema”[15].
Nos preguntamos si existe un lugar, al que se nos lleve la excursión en donde los elementos tomen forma como si un viajero sonámbulo fuese a llegar al final exacto en sincronía con las llegadas de las horas. Así mismo, la transmisión de mensajes divinos y su conexión con lo uno y lo otro hace que se transforme en la voz de todos los poetas pues con la sola música logran decirle al ser en ausencia de ella, que: Orfeo ha perdido; ha fracasado.
Eso es lo que en su obra denominamos tanatografías poéticas, ya que en medio de una atmósfera extraña se desenvuelven eventos que parecen ser movidos por misteriosas fuerzas cuyo azar, según Le Bestiaire uo Cortege d’Orphée[16], nos permitiría situar el código de Rosamel del Valle como propio del Hermétisme et Orphisme.
De este modo, lo que da fuerza al caudaloso relato es que su pensamiento programático logra integrar los niveles ideológicos, estéticos y filosóficos de un modo, que de otra forma no alcanzaría a romper la brecha que hay entre las profundidades y las continuidades de la secuencia.
Con plena conciencia su obra dialoga en una voz que no tiene edad, ni interés en desacentuar la importancia del fin y que por el contrario se regocija en el tránsito. Del Valle defiende el uso de sus recursos expresivos, y el uso de una actividad rompecabezas nebulosa que nos conduce a destinos intransitados.
El estratega piensa lo imposible y dice lo que no debía. Así, el escrutador se diseña un módulo interno que viene de lo obscuro, que brota como aventura, como expresión, cuya misión es traer luz y mostrar algo que habita en él y lo constituye; él es extraversión, automanifestación, interpretación, y autorrealización es un todo inacabado en su universo de posibilidades.
Pues desde el silencio y el ruido, la claridad y la penumbra, todas las cosas y los sistemas son nombrados una y otra vez; paraísos, cielos y jardines, en donde la separación y la expulsión son el sello. Sello en el sentido de cierre[17], porque cierran el umbral que permite cruzar puertas, recibir mensajes, escuchar ecos, y descubrir pasadizos entre las imágenes. Por cierto, imágenes que son parte en la producción de otras imágenes (exaltaciones sostenidas) que alcanzarían, finalmente, el derrotero alquímico deseado.
“Sólo esto fue a buscar a los Infiernos. Toda la gloria de su obra, todo el poder de su arte y el deseo mismo de una vida feliz bajo la bella claridad del día son sacrificados a esa única preocupación: mirar en la noche lo que disimula la noche, la otra noche, la disimulación que aparece”[18].
En las propias palabras del poeta: “Unidos en la copa volcada deseábamos contenernos,/ Ir hacia el cántico arrojado a las hogueras/ Por bocas selladas por la bella araña de la muerte/ Pero yo había soñado y el sueño es una tijera/ Abierta por los ángeles de la noche”.
La metamorfosis del árbol interior
Hay un movimiento de los seres y las cosas, el constante cambio de la transparencia y la oscuridad. Es la metamorfosis la que hace posible el tránsito entre los reinos. Metamorfosis es la acción o el proceso de cambio de una forma o sustancia, supone una modificación de las estructuras en formas o funciones posibles, el cambio es sencillamente químico, secular, cambio de forma.
Pero el cambio de lo comportado supone una pena mayor, una nueva forma zoológica larvaria desarrollada entre invertebrados. El cambio de comportamiento supone una pena mayor, el cambio en otra forma exige que haya ocurrido durante alusiones clásicas, y sólo antes de secuencias y desde secuencias, con un telos con el cual podamos identificarnos.
Tal es el salto a lo otro como acto, como un esfuerzo convergente y divergente que prefigura así un hallazgo mayor ya que constata que desde entonces(…), no tiene ni pasado ni futuro, tan sólo devenires, como explica Descombres en torno a Derrida. El descenso (entiéndase caída) es real, como Orfeo mismo lo denota en su: “Quiero quemarme”[19]. Siendo posible establecer entonces, que la piel de serpiente no es señal de salvación.
Tal es el grado de indiferenciación, tal es el Cuerpo que amenaza la pérdida del Paraíso, que pareciese que se esta rendido ante este designio. Sin embargo, el viajero recupera lo que pierde, nuevamente el movimiento posesión y pérdida: claridad en el territorio del poeta, pues una serie de códigos órficos bastará para intuir su mensaje como una inquietante invasión.
Ahora, al atisbar el conjunto total de relaciones notamos que mueven un relato total. Como lo que ocurre con Cristo, donde ya conocemos el final. Ambos crearon secuencias que discurren en paralelo con fuerza alucinatoria, pero sin el delirio vulnerable del primero.
Hay otras referencias intertextuales, como cuando se traduce el poema “En la tumba de Apollinaire” de Allen Ginsberg: “Estoy enterrado aquí y descanso en mi tumba bajo un árbol”. Por ejemplo, Rilke en el primero de sus sonetos: “Orfeo canta. ¡Oh, alto árbol en el oído!”.
En Rilke, la diferenciación entre lo terrenal y lo celestial no es determinante. Arriba y abajo se confunden y se superponen, y pueden ser habitados por criaturas de origen desconocido. Sin embargo, el coro de ángeles no se encuentra en el mismo sitio que en “Las elegías de Duino” de Rilke. La razón de ello es el código rosameliano.
Así, la lengua tiene su propio sistema de signos verbales, en consecuencia no habría razón moral sino epistemes, que responden a una clasificación social a partir de determinadas formas de conocer y estudiar. En el caso de del Valle es una particular forma de conocimiento. Puesto que, quienes se salen de la episteme, transgreden la normatividad basada en formas de conocimiento y discurso social. En 1930, Huidobro refuerza lo señalado al escribirle: “...que teniendo gran riqueza de imaginación, logra ser sobrio...”[20].
El código onomástico tiene un sentido estructural, ya que el emisario porta el rol de observador omnisciente. Siempre ha estado ahí, y desde su lugar presenta una perspectiva muy poco logocéntrica, existiendo series de símbolos (universales, sociales y personales).
La predominancia de ello debe ser significativa pues la materialidad del código esta supeditada al sentido y al sonido, en tanto que la disposición de la página como el dicho y el aparato formal denotan que hay plena conciencia lingüística del hecho poético.
Esta conciencia obstaculiza el acceso al contenido a través de la explotación de las potencialidad material de la lengua, pues hay una utilización de la figuración física de la lengua y una axiología textual, lo que significa que el autor de manera implícita en la obra, marca las condiciones de legibilidad del texto.
Deberemos abordar el análisis por estratos. Debemos precisar quién es el hablante, ya que según el poema la descripción supone una cierta clase de vidente. Yo había soñado, dice él. Apóstrofe. ¿A quién se dirige?, ¿Hay ritmos identificables?, ¿Cómo usa el verbo?, ¿Qué utilidad le presta al destinador la iteración?, o ¿Quiénes son los actantes que se concretizan de época en época?
Así, pues hay anacronismos de valía universal de crónica a través de los cuales el mapa disciplinario se relaciona con los signos de la vida social, pero también vinculados con símbolos universales, dada cierta conciencia estructural. De acuerdo a la teoría de las versiones... ésta representa la última versión, es decir de Orfeo... a Batman.
Finalmente, el príncipe tracio hijo de Calíope que encantó a Eurídice, nos hace trabajar con imágenes en su cántico: expulsión, descenso, tierra/hoguera. El descenso, nada más que el descenso. Y todavía, soles, colinas, aguas, tempestades y humedad terrestre.
![]()
Mutación-Selección Balance. El ejercicio es recurrente pues pone el texto en su serie. ¿Dónde?: En La Mirada de Orfeo, en la cual debemos observar especialmente los desplazamientos del contenido latente, ya que notamos una apropiación interesada de un determinado contexto. Dicho de otro modo, variación del caldillo según otra receta en función de similitudes y deconstrucciones por distanciamiento. Ya no hay dentro ni fuera, sino sólo una superficie de reflexión o más bien de inflexión. Epílogo, Crisanta y Tristón
Cuando pasaron los siglos de la primitiva barbarie, los hombres se establecieron en comunidades civilizadas en cuyo esplendor el poeta descubrió una mayor inspiración en la ausencia, cuya pujanza no deponía su fiereza y reverenciaba a Orfeo, pues en él se alegorizaba el triunfo del canto sobre sí mismo. Así, el mágico poder de los personajes órficos merece los versos de Horacio:
Silvestres homines nacer interpresque deorum Dictus ob hoc lenire tigris rabidosque leones[21].
Orfeo se honró y se ensalzó en su poder de encantar a los reinos: mineral, vegetal y animal. En Eurípides podemos encontrar documentos del séquito de Orfeo. Otros poetas latinos recrean el motivo para celebrar la grandeza del personaje cantado en sus poemas. En su himno inicial a Venus, diosa del placer y de la fertilidad. "Aeneadum genetrix, hominum divomque voluptas, Alma Venus, caeli super labentia signa…", dice Lucrecio en su De rerum natura; que en su honor retozaban por los alegres prados todo ser sin cesar y fluyen veloces los ríos; donde quiera que ella iba todo lo que tenía vida al incentivo de sus placeres la seguían. Ovidio efectuó una interesante transformación en la aplicación del motivo, al cantar no a los dioses, sino al bardo como figura central en un coro de fieras y aves.
Del mismo modo, Bupropión y Candela participaron en el rapto y secuestro en donde se terminan enamorando. No vaya a ser cosa que, como Eurídice, de tanto estar en la oscuridad le termine gustando. Luego y como resultado de tal encuentro nace Tristón; que se suponía sería un tigre, pero fue sin pensar que amaría de tal modo a Crisanta.
Hay un extraño detalle en el relato, solo él le llamaba Crisanta. Se cuenta que se mueve y toma vida en determinados momentos. Dicen, que Crisanta entra al mar con una manta. Rego es manta o capa en griego. Regolita es la capa intermedia entre la litosfera y la atmósfera. Y Rilke en el primero de sus sonetos, canta: ¡OH, alto árbol en el oído!... las fieras acuden al canto del dios.
A modo de colofón, destacamos que el relato refuerza la noción en Kant en torno a las estructuras estables con los que la razón organiza el mundo. La verdad como objeto. Volver a replantear si la verdad se identifica con lo que hacemos en el mundo. Así, la retórica fue el centro de la preocupación filológica (hábeas doctrinal). Por lo mismo, debe existir una ciencia que estudie los signos en la vida social que nos permita pasar por la materialidad a través de campos semánticos, tal ciencia nos permitirá descubrir la estructura retórica ausente en cada tipo de texto argumentativo, pues en ella reside la fundamentación cultural de lo construido.
Al leer la obra de Rosamel del Valle el poema entra diálogo con otro tipo de realidad, el poema se abre biográfico/estructural, colaborando con el ritmo y creando “vehículos de comunicación físicos” con Ella. ¡Ojalá regresara con vida de tal viaje! aunque sea para llorar su pérdida y esperar la llegada de la inspiración: Orfeo es la música.
Notas
[1] El sufrimiento es una experiencia limitante que lo vuelve una condición no deseable y obligatoria. Afecta al individuo en su totalidad y su causa es cultural. Aún así, el sufrimiento es una experiencia propia del ser humano, quien por su parte tiende a rechazar. Por lo mismo, nos preguntamos: ¿Cómo reactualizar el dolor?, ¿Hay que volverse consigo en la interioridad?. En contra del razonamiento para abandonarse a la invención, nos arrojamos al vacío... La metáfora de la metamorfosis.
[2] En 1918, trabaja como operario linotipista, luego como reportero del periódico La Nación. Funcionario de Correos y Telégrafos. Funda dos revistas culturales: Ariel y Panorama. Su amigo Humberto Díaz-Casanueva lo incorpora al departamento de publicaciones de las Naciones Unidas. Va a Nueva York. Filma en 8 milímetros sus encuentros con Allen Ginsberg.
Regresa a Chile en 1963. El mundo literario lo recibe con frialdad, pero a pesar de no contar con la legitimación de sus pares persiste. Muere el 22 de septiembre de 1965.
[3] Triviños, G., en la introducción “Cuando vengas la puerta se abrirá sin que la toques”, del Valle, Rosamel, “Fuegos y Ceremonias”, Chile, Editorial Universidad de Concepción, 2001, p.5 y sgts.
[4] Guerrero, P. P., “Visionario Heterodoxo”, Noviembre, 2000, El Mercurio.
[5] del Valle, R., “Un Orfeo del Pacífico”, Lom Ediciones, Santiago, 2000.
[6] Zambra, A., “El retorno de Rosamel”, Revista Rocinante, Enero de 2001.
[7] Revista de Poesía y Teoría Poética “ORFEO, 33 Nombres claves de la actual poesía chilena”, Santiago.
[8] Zholkovsky, A., “Poemas”, del libro “Discurso y literatura” compilado por van Dijk, Ed. XXX, p. 133.
[9] Foucault, M., “Arqueología del saber”, 2ª ed., México, XVI, 1972, p. 201.
[10] Foucault, M., Ibíd., p. 245.
[11] Albano, S., “Michel Foucault - Glosario epistemológico”, Ed. Quadrata, Buenos Aires, 2004, p. 83.
[12] Albano, S., “Michel Foucault – Glosario de aplicaciones”, Ed. Quadrata, Buenos Aires, 2004, p.136.
[13] Ordóñez, J., Ibíd., p.23.
[14]“La palabra código tiene un origen jurídico. Y, efectivamente, el código desempeña en la comunicación el papel de una ley: es la regla que hay que seguir para producir o recibir mensajes.” señala Descombes, V., “Lo mismo y lo otro”, Ed. Cátedra, Colección Teorema, Madrid, 1998, p. 135.
[15] Zholkovsky, A., “Poemas”, del libro “Discurso y literatura” compilado por van Dijk, Ed. XXX, p. 132.
[16] Existe una bella edición con xilografías de Raoul Dufy, Delaplanche, 1911.
[17] “A principios de los años 60 se habla mucho del “final de la filosofía”...en un sentido muy poco heideggeriano... equivale la mayoría de la veces a la siguiente acusación: la filosofía es la ideología de la etnia occidental (...) Derrida, tras Bataille y Blanchot, propone un diagnóstico contrario: La historia ya ha acabado(...). Creemos sencillamente en el saber absoluto como cierre (la cursiva es nuestra), cuando no como final de la historia (...). Para lo que empieza entonces, más allá del saber absoluto, se necesitan pensamientos inéditos que se buscan entre la memoria de los viejos signos (...). El orden de la razón es absoluto, pues contra ella no podemos apelar sino a ella, contra ella no podemos protestar sino con ella, no nos deja, en su propio terreno, sino el recurso a la estratagema y a la estrategia(...). Hay entonces una posibilidad, la artimaña: la estratagema y la estrategia... y fingir obedecer a la regla tiránica, pero al mismo tiempo tenderle trampas proponiéndole casos que no sabe resolver (...). La estrategia de la desconstrucción es la artimaña que permite hablar en el mismo momento en el que, a fin de cuentas, no hay nada que decir, pues el discurso absoluto se ha realizado(...). En consecuencia, en este orden de la enunciación la simulación es simulación de simulación, (para hacer como si, hago de verdad... sólo he fingido fingir)... tras el comediante se escondía un asesino.”, Descombes, V., “Lo mismo y lo otro”, Ed. Cátedra, Colección Teorema, Madrid, 1998, pp. 180-183.
[18] Blanchot, M., “El espacio literario”, Ed. Paidós Ibérica, S. A., 1992, p. 162.
[19]Recomendamos, en favor de la serie, ver el film “El descenso de Orfeo”de John Ford o escuchar el tema “Voodoo child” de Jimi Hendrix.
[20]Mestre, J. C. quien prologa “La visión comunicable” de Rosamel del Valle, Editorial Nascimento, 1956.
23:20 Anotado en Crítica Literaria | Permalink | Comentarios (2) | Tags: literaria
DECONSTRUIR ES SEDUCIR
LA DECONSTRUCCIÓN (1)
Pasht el gato vela por el Sol aplastando bajo su pata la cabeza de la serpiente de las tinieblas. Mau es el vidente en lo oscuro.
La Luna es el ojo del Sol porque reflejaba la Luz solar y porque su ojo reflejaba la imagen en su espejo bajo la forma de la diosa Pasht.

La anatomía es el destino
Sigmund Freud
La seducción es la estrategia del mismísimo ‘Diaulo’. Es el ‘Tata cacha’ quien pretende desde lo obscuro, mediante artificios (lohkos) y su col’e chancho, dominar el mundo. Así, “la seducción representa el dominio del universo simbólico, mientras que el poder representa sólo el dominio del universo real.”[2] Y puesto que la seducción, como señala Piccoptero: “oculta e implica un necesario proceso de producción de realidad al implicar discursos, palabras y deseos (...)”[3].
Habrá que poetizar, “en torno al arte (=técnica) de poetizar, a la que habitualmente se da el nombre de Poética y cuya redacción se hizo aproximadamente entre los años 334 y 330 a. C. Platón ha caracterizado la poesía como “furor sagrado” (Theia manía), entusiasmo y raptus, es decir, como algo irracional y, por tanto, inmoral dejándonos así una teoría negativa de la misma. Plotino con su mística concepción de lo bello como esencia ‘sin forma’, en tanto que reflejo del puro Uno (...) Aristóteles elaboró un concepto de poesía como mímesis (imitación) o verosimilidad”[4].
En consecuencia, su lectura es una actividad mental que le permite al sujeto lingüístico acceder al contenido del texto mediante una representación; esto implica que este efectivamente pueda acceder a una globalidad de sentidos mediante una identificación y desidentificación (clarificación/ocultamiento) de las formas en otras formas.
De modo que al acceder a un texto ocurre una percepción de formas (del discurso, de género y de texto) que nos permiten una activación mental del significado (fondo/forma) que es el resultado de una representación de lo que se dice y no se dice.
El lector no sólo recibe sino que realiza un trabajo de recreación y actividad sobre el propio texto. Cada enunciado tiene una forma de focalizarse sobre el texto. Y esto debido a que dentro de los mecanismos de lectura los lectores no leen de la misma forma. En gran medida el lector lee lo que quiere leer y mantiene una memoria próxima, cercana y lejana altamente selectiva en la cual memoriza estructuras morfosintácticas, formas y representaciones, es decir, polariza el texto dada sus propias estructuras cognitivas y afectivas focalizando en aquello que se memoriza. Atendamos entonces, al siguiente texto:
Ella duerme en lo profundo de una montaña. Esperando que su príncipe venga a rescatarla. La paradoja se presenta si pensamos que cuando ella despierte, él dejará de existir.
En una segunda lectura del brevísimo, la reproducción o reformulación dará cuenta del contenido oculto del texto de acuerdo a las competencias lingüísticas del sujeto. Recordando siempre que la lengua no es monoreferencial, y dada existencia de esquemas mentales como resultantes de nuestra estructura cognitiva, en ésta noción hay tanta pérdida como ganancia, ya que por su delimitación y su aplicabilidad les permitirían dar cuenta de estos marcos.
Si desde un punto de vista pragmático se intentó introducir al usuario en el texto. Desde una perspectiva deconstructivista intentamos salvaguardar al usuario del texto. Pero, también proporciona una alternativa en la resolución de conflictos, pues pretende dislocar el sistema de oposiciones conceptuales que desde una metafísica de la verdad pretendía justificar la presencia del significado a una conciencia o fuerza mayor. La desconstrucción irrumpe en un pensamiento de escritura, con una escritura de la escritura.
En este contexto, nuestro objetivo es situar el pensamiento de Jacques Derrida en su serie; puesto que, al dialogar con autores como Bataille, Foucault, Althusser, Blanchot, Deleuze, Guattari, Lyotard, y Klossowski quiere hacerse cargo de un contexto determinado que le permita evidenciar que la subordinación de la escritura a la palabra es un prejuicio.
Asociado a disolución de fronteras, pluralidad de interpretaciones, y gramatología. Sus numerosos neologísmos siempre reforzarán la duplicidad del lenguaje: Archiescritura, huella, diferencia, espaciamiento, y parergon. Resignifica conceptos como: Origen, retraso, y texto. Puso en cuestión las nociones de: Autor, obra, fuente, génesis, sistema, método, desarrollo, evolución, influencias, e interpretación. Problematiza en torno a la identidad entre el ser y el sentido. E inaugura un pensamiento de la no presencia.
Aquella condición trópica del lenguaje
Jacques Derrida asumía que deconstruir era un ‘gesto’ del estructuralismo[5] que asumía la “problemática estructuralista” desde una óptica antiestructuralista. Ya que, se trataba de deshacer, descomponer, des-sedimentar todo tipo estructuras que de una u otra manera hacían las veces de trinchera inamovible, y que justificaban en el fondo determinadas convicciones, más tarde eventos históricos.
La llamada “problemática estructuralista” implica, que sobre la base del conocer y el hacer nos permitimos adaptarnos mediante criterios técnicos, cuya práctica posibilitaban las relaciones humanas mediante procesos de entendimiento intersubjetivos.
Hombres y mujeres son capaces de fijar objetos, nombrarlos y clasificarlos en un orden conceptual. El canon de la ciencia parece ser capaz de explicar e interpretar todas las posibles circunstancias como una confirmación de sus propias teorías[6].
Si en algún minuto el lenguaje permitió justificar lo injustificable, es porque el lenguaje crea realidades. Ahora. Si focalizamos nuestra atención en la noción de representación, recogiendo la tradición filosófica de Platón y Aristóteles basada en la comunicación, representación, y simbolización; principios de todo discurso. Señalamos que, en adelante, la conducta estaría asociada a determinados tipos de discursos, puesto que el lenguaje no designa una realidad preexistente a él. En este sentido, las lenguas no constituyen un mecanismo de representación de la realidad sino que la organiza[7].
Así, toda lengua fija una estructura argumentativa que nos proporciona una pauta para la proyección de diversos discursos a través de la estructura social llegando a afectar el sistema de actitudes, luego conductas, en una profundidad psicológica que involucra necesariamente a nuestros valores (Weber). Los discursos son siempre valores que guardan vínculos de familiaridad con su cultura.
Reconocemos el aporte del estructuralismo europeo en tanto a ayudado a configurar el pensamiento occidental con su planteamiento de corte componencial para indagar los patrones morfosintácticos, aún cuando en éste modelo el texto es más que la suma de palabras. Foucault afirma “el estructuralismo no es un método nuevo, sino la conciencia despierta e inquieta del saber moderno”[8].
Así, el marco de la semiología enunciativa francesa y semiología cognitiva europea la lengua es tratada como objeto social. En este análisis el texto se estudia a partir de su estructura como lengua. En la década de los 70 y 80, además de los modelos enunciativos encontramos los modelos textuales nórdicos quienes se preocuparon por el desarrollo del texto en función de tres dimensiones: coherencia, cohesión, y conexión. Y los modelos nórdicos pragmáticos-integrados interesados por la relación entre el texto y los aspectos sociales.
Los modelos sociolingüísticos y enunciativos (Bembeniste) están interesados en dar cuenta de los índices o las marcas subjetivas de los objetos de la comunicación. Lo que se pretende es analizar en el lenguaje las marcas subjetivas del mensaje. El lenguaje es un acto de enunciación en donde el sujeto se enuncia; es una lingüística que parte del sujeto y lo relaciona con elementos cognitivos, puesto que se interesa en los procesos inferenciales para la construcción de sentido de la vida cotidiana.
El suceso es un texto, por tanto es una unidad lingüística completa. Todo texto tiene un número de secuencias y macroproposiciones. Y debido a que no se trabaja con las nociones de oración (enfoque demasiado gramatical), ni de párrafo (unidad gráfica de significado), sino de enunciado, ya que es una unidad de significación completa. Así, el texto pertenece a un género[9], y éste a su vez pertenece a un discurso que manifiestamente está dominado por un contexto que marca sus condiciones. Luego el contexto verbal (género) marca sus condiciones de legibilidad.
En este contexto, la desconstrucción se plantea revelar la condición tropológica del lenguaje. Atendiendo a las figuras, metáforas, metonimias pero también traducciones, transferencias, errancia y envíos. Dejando lo puramente ornamental incluyendo la elocuencia y vivacidad de ello, nos interesa el juego del texto bajo el campo de la representación.
Para identificar el Telos al que nos remite el Texto, debemos indagar, por una parte: ¿Cuál es la dimensión del contexto? Y por otra, debemos distinguir del sentido propio y el sentido metafórico. La afirmación de la primariedad del primero, su significado; y la derivabilidad del segundo, el lenguaje filtrado, aquello que dice de otra manera lo no-dicho.
La deconstrucción [10] según Derrida
El estructuralismo fue el nombre que se le dió a un método científico, que no contempló su efecto en el discurso. Descontruir implica el hecho de trastornar la construcción de una frase, o desmontar en sus piezas una máquina en una búsqueda de aporías, puntos oscuros y momentos de autocontradicción. La desconstrucción indaga en torno a los límites del principio de la razón en occidente.
En la actualidad, las deconstrucciones han ocupado el lugar de las descripciones, puesto que, aún cuando no representa un método, sí proporciona una estrategia de lectura busca un mecanismo o desliz textual que sobrepasa las intencionalidades de sentido del destinador (autor), es decir, lo que manifiesta es el texto en su obligatoriedad de significar, no necesariamente, lo que se proponía el hablante o autor inicialmente.
La fenomenología se había propuesto describir fenómenos y distinguir a un fenómeno de los demás. Pero, al reconocer el "fenómeno" se ‘aparece la conciencia’, llevaba poner ‘entre paréntesis’ la existencia en sí de la cosa fenoménica, y, en consecuencia, a identificar el ser y el sentido.
Sin embargo, la reducción fenomenológica es un prejuicio, que implica que no se puede ir más allá de la experiencia, y la experiencia, por tanto, siempre es vivida por alguien. Y por tanto, lo que se toma por sentido, es el sentido que presenta la “vivencia” de alguien (Erlebnis). Por ejemplo, el sueño, la broma, y errores lingüísticos, pero además delirios, estados alterados de conciencia y trastornos de la percepción son expresiones de una experiencia que en último término siempre es particular (única e intransmisible). Por lo mismo, los objetos de estudio mencionados, y acotados por el estructuralismo, se resienten a ser tratar el enunciado que se analiza como expresión de una vivencia. Porque los enunciados están configurados en función de las restricciones propias del discurso.
“El destinador no atienda tanto a su interioridad como a lo que le dicta su propia lengua. Entonces, la ilusión de discurso filosófico que develaría la deconstrucción, consistiría en afirmar el tránsito del genitivo objetivo al genitivo subjetivo. (...) La ambición de una deconstrucción sería en la filosofía consistiría en demostrar la manera en que están construidos los discursos filosóficos. La meta de la deconstrucción es proponer una teoría del discurso”. “Hegel había dicho que la diferencia es contradictoria en sí. Pero ahora se trata de abrir camino para un pensamiento de la diferencia no contradictorio, no dialéctico, que no sería el mero contrario de la identidad y no estaría sometido a la constricción de tener que reconocerse dialécticamente idéntico a la identidad.
Gilles Deleuze y Jacques Derrida, abordan por fin el meollo del asunto... En el lenguaje de la lógica (es decir, de la ontología), el problema es el de la dialéctica. En el lenguaje de la filosofía de la historia (es decir, de la teología metafísica)... es la unidad entre hombre y naturaleza: el sentido de esta unidad es precisamente el sentido de la identidad del modo en el que la dialéctica la determina”. [11]
Ya habíamos reconocido que: “El orden de la razón es absoluto, pues contra ella no podemos apelar sino a ella, contra ella no podemos protestar sino con ella, no nos deja, en su propio terreno, sino el recurso a la estratagema y a la estrategia...”.
En consecuencia, es imposible hablar contra la razón sino a través de ella. Y este es, precisamente, el punto de partida de Derrida: hablar para no decir nada.
Sólo hay una posibilidad, la artimaña: la estratagema y la estrategia; fingir obedecer a la regla tiránica, pero a la vez le pone trampas en situaciones que no puede resolver.
La estrategia de la deconstrucción es “la artimaña que permite hablar en el mismo momento en el que, a fin de cuentas, no hay nada que decir, pues el discurso absoluto se ha realizado En consecuencia, en este orden de la enunciación la simulación es simulación de simulación (para hacer como si..., hago de verdad... sólo he fingido fingir... tras el comediante se escondía un asesino”[12].
El estratega piensa lo que no podía y dice lo que no debía... A saber: que lo verdadero no es verdaderamente verdadero... y que la ley no se distingue de lo arbitrario.
“La diferencia no resiste a la apropiación, no le impone un límite exterior(...) La muerte es la diferencia movimiento de la diferencia en cuanto necesariamente finito. Vale decir que la diferencia que posibilita la oposición de la presencia y de la ausencia (...) La diferencia produce lo que prohibe, vuelve posible eso mismo que vuelve imposible”[13].
La metafísica de la presencia[14]
¿Cómo pasar de las esencias inmóviles al devenir?, ¿Cómo pasar de la soledad subjetiva a la comunidad intersubjetiva?, y ¿Cómo es posible una verdad para nosotros?, sino para todo ser. ¿Hay que establecer la diferencia en la identidad, lo relativo en lo absoluto, el devenir en lo eterno?
Pero, ¿es posible pensar fuera de la primacía del presente?, ¿Se puede rechazar el presente?, ¿Tiene el presente atributos sobre lo ausente?, ¿Es posible un pensamiento más allá de la razón absoluta?, ¿La différance se reduce a una identidad dialéctica hegeliana? o, ¿Implica necesariamente someter lo incondicionado a lo condicionado?.
Más aún, ¿hasta dónde la diferencia se transforma en desigualdad? Perdonar lo injustificable, justificar lo imperdonable y, teñir de historicidad a todo aquello que incluya tiempo.
La filosofía de la ciencia empieza con la oposición entre el hecho y el derecho. Al menos así es para aquellos iniciados por Husserl en la filosofía, con su reducción eidética. Un hecho nada puede probar en cuanto a la esencia, en cuanto a lo que es de derecho. Lo equívoco no debe ceder ante lo unívoco. Gadamer agregaría “que Husserl era más que nada un matemático que transfirió el sentido del ser del ser ideal, objeto de las matemáticas, a su teoría de los significados”.[15]
El empirista no cree en la distinción entre verdades de hecho y verdades de razón... las pretendidas verdades de razón al fin y al cabo son verdades de hecho, pues la razón última de una verdad de razón siempre es un hecho primitivo. Sostiene, pues, que no hay razón pura: el fundamento de las verdades de razón no reside en una capacidad que tendría la razón para conocer a priori las cosas, sino en la relación de la razón con este hecho primitivo y último, es decir, en la experiencia que tiene de éste. En otras palabras, el principio fundamental no es una identidad del tipo correspondencia, sino que es una diferencia, puesto que es la relación con otra cosa.
Descombes destaca que el empirismo es el sueño de un pensamiento puramente heterológico en su origen. Pensamiento puro de una diferencia pura (...). Decimos sueño porque se desvanece con el día y desde el amanecer del lenguaje. Y Derrida se dispone a cometer a sabiendas el pecado del empirismo. Pero este tendrá que ser irreprochable... pretende ser un jugador doble malo en sus intenciones pero impecable en sus jugadas[16].
Sabemos de antemano que el hecho y el derecho nunca coincidirán con el derecho. Pese a ello, la fenomenología de la historia busca... el origen de la verdad... en tanto que es estática, encuentra su origen en un acto que la consciencia puede realizar en todo momento: pues llama origen (de la verdad del juicio sobre la cosa) a la intuición de la cosa presente en carne y hueso (...) Si el origen es la intuición, en todo momento puedo volver a este origen... el acontecimiento del que me hablarían todas estas reproducciones. La característica de la fenomenología histórica es que la ‘cosa misma’ es el hecho primero, que por definición sólo tiene lugar una sola vez. Este hecho tiene lugar por lo menos una primera vez. Este hecho tiene lugar por lo menos una primera vez, esta ‘primera vez’ de la que nos hablan los documentos[17].
El ser ya no sería identificable con el sentido, pues habría un ser que no existiría para nosotros, posibilidad inadmisible para un fenomenólogo. La fenomenología de la historia esta fundada en la descripción de lo que Husserl llama el presente vivo: el pasado no puede separarse del presente (...).
Si el pasado no estuviese retenido en el presente, si el futuro no estuviese ya esbozado en él, pasado y futuro nada serían. Es decir, estarían absolutamente ausentes... ruinas presentes de una civilización desaparecida para siempre.
Pero, para que el futuro se ‘anuncie’ en el presente y el pasado se ‘retenga’ en él, también es necesario que sea al mismo tiempo presente ya pasado y presente y aún por llegar; gracias a este pasado aún presente y a este futuro ya presente. El pasado como tal será para nosotros un presente que ya no es presente, y el futuro habrá sido desde siempre y para siempre un presente que todavía no era presente. Es entonces cuando aparece la diferencia: diferencia y no-coincidencia del presente consigo mismo[18].
Finalmente, “la seducción es aquello que no tiene representación posible, porque la distancia entre lo real y su doble, la distorsión entre el Mismo y el Otro está abolida”[19].
La différance[20]
Lo que se entiende por diferancia es el mecanismo que el decontruccionismo pone en marcha para revelar o develar aquello que es tanto manifiesto como latente en el texto. La diferancia que el significado es un producto de diferencias, diferencia que a la vez está ‘desplazada’ en el tiempo. Los significados se producen en la ausencia de los objetos referidos; sólo desde ahí ocurriría la interpretación. Como si existiese una ‘memoria’, o ‘reservorio’[21] de lenguaje que permite que lo inexistente, sencillamente, exista. ‘Desde ahí’ el proceso de producción de sentido se realiza en función de un signo que es signo de otra cosa, finalmente, ausente.
Con su aguda reflexión, Derrida no termina sino “inaugurando una conceptualización que no sería ya la de una metafísica de la presencia o de la ausencia (...) habría entonces que definir un espacio dentro del cual esta ‘contradicción’ regulada ha sido posible y puede ser descrita”.[22] No hay, por tanto, dentro ni fuera sino sólo una superficie de reflexión. El fuera está dentro, aún sin nombre, siempre lo estuvo...
Entonces, la referencia es sólo cuestión de intertextualidad, pues la desconstrucción se fundamenta, en último término, a la inexistencia de un significado trascendental. Desde entonces, la historia debe concebirse como ‘historia del sentido’ tradicción o tra-ducción del sentido a través del tiempo, tal como lo denota Descombes.
El modelo de la historia parece ser la tradición que encarna en conjunto el teorema de tales, la ley de movimiento de Newton, y las teorías de Darwin y Maxwell-Boltzman. Notemos especialmente en el “Discurso del Método” que Descartes escribe desde el francés, “lengua cuyo uso estaba apenas extendido en el discurso filosófico... se convierte... en un discurso sobre su propia lengua; se convierte en un tratado del discurso”[23].
Notemos Descartes escribe en lengua vulgar apelando a una razón natural, y por tanto implícitamente dirigido a un gran público[24], que finalmente llegaría a sus mismas conclusiones. Lo central aquí es que si lo verdadero es idéntico a lo verdadero para mí, me convertiría en el dios cartesiano par excellance, creador de las verdades eternas. Así, para que la identificación entre el ser y el sentido no entrañe la degradación del fenómeno a simple apariencia, hace falta que necesariamente Dios se haga presente.
Si el hecho y el derecho no coincidirán con el derecho. Someter lo incondicionado a lo condicionado es vana pretensión, pues lo equívoco no cederá (caerá) ante lo unívoco.
Hay una diferencia originaria, una diferencia, puntualmente este retraso originario produce la historia (...). Si no hubiera una différance desde el origen (cada vez que hay origen), ‘desde la primera vez’, la primera vez no sería ‘la primera vez’, pues no estaría seguida por una segunda vez; y si la primera vez fuese la ‘única vez’, no sería el origen de nada en absoluto. Si no hay segundo, ¿Cómo identificar el primero con la fuente/origen? El primero requiere al segundo para poseer existencia. Y por tanto, el segundo presenta cierta prioridad materna, presente como condición previa desde la primera vez. Luego, la primera vez en realidad representa la tercera vez.
“La différance (...) que divide el sentido y difiere su plenitud sin fin, sin finalidad y divide sin horizonte teleológico que permita reasumirla dialécticamente en la conciencia” [25].
Concebimos el origen como el ensayo[26] de un estreno; reproducción de la primera representación en público. En consecuencia, es el No-Origen, o lo llamado originario. Principio del No-principio mediante el cual se deconstruye el principio de los principios.
Entonces, ¿no hay identidad?
En el comienzo la repetición. En comienzo la representación. De hecho, no hay representación, ya que la presentación nunca ha tenido lugar. Puesto que el original ya es una copia.
Ante este escenario, la deconstrucción se propone eclosionar, fracturar o dislocar el sistema de oposiciones conceptuales que desde una metafísica[27] de la verdad pretende justificar la presencia del significado a una conciencia o fuerza mayor, llamémosle a aquella: Espíritu.
El Actante y la Estrella negra
Entre la seducción y la pulsión de muerte... nace el texto. Quien saturado de polivalencias y potencialidades, desborda en diseminación: defracciones, inflexiones, intensidades, espesores, ramificaciones y maquinaciones delezianas. Danza inacabable de tendencias reflejas y memorias cohesionadas por una ilusión que nos sumerge en una fantasía imaginativa y perceptiva.
“La seducción es lo que sustrae al discurso su sentido y lo aparta de su verdad. Sería lo inverso de la distinción psicoanalítica entre el discurso manifiesto y el discurso latente[28]”. Al distinguir lo original y lo derivado, legitimamos al impostor. En otras palabras: En el principio era el signo. El signo y no la cosa... de la que es significante.
El impostor es el actante de estrella negra, tema recurrente y necesario, en tanto hasta el mismo Dios se asoma sobre su obra para enamorarse de sí mismo, como lo relata el Zohar: la luz se torna en oscuridad...
Por lo mismo, la prioridad del signo requiere un examen de la escritura. E ingadar si la tradición subornina necesariamente la escritura a la palabra.
El mundo circundante, tomado a veces por real, es una objetivación según reglas perspectivísticas o, en el sentido de Berger y Luckman, una construcción social de la realidad. Aún más, la conciencia nunca es anterior al lenguaje. Por tanto, éste no puede considerarse como la expresión (representación) de una vivencia.
Si el impostor seduce, es porque no tiene aquello que le da vida. Su lógica suplementaria lo obliga a consumir más de la cuenta. Puesto que aquello que lo fortalece también lo hace más dependiente de esa sabia leche cuyo esposo es el orden tiránico. El laxante tiene la razón. Si la escritura fuese un mal intestino, diría que andaba con diarrea.
Sólo la conciencia del artificio tiene la facultad de invertir la profundidad renacentista, la línea de fuga no busca la profundidad, sino que abre hacia un ir delante la puerta de la próxima puerta. Extensión de la realidad cuando la jerarquización organiza lo visto en función del ojo.
La simulación desencantada, al igual que el porno, es quien quiere realizar la misma peripecia sin el resultado deseado. Como fuese, siempre hay otra oportunidad para realizar el acto final. Entonces, concluyo: La escritura cumple la función de suplemento.
Vuelvo al relato inicial. En el recuerdo su contenido resulta diferente: Esta la princesa de dulce mirada aguardando soles que prendan su alma. Polvo de estrellas en las manos digo; para figurar que si me las lavo, su belleza dejará de existir. “Seducir es morir como realidad y producirse como ilusión”[29]. Deconstruir es Seducir.
Fuera del todo, el suplemento
No hay fuera del-texto[30]. O todo es texto, o no hay texto. En el origen no existe lo originario, sino un suplemento que hace las veces de algo originario continuamente evanescente. La lógica del suplemento permite integrar un extra a la totalidad. Pero si el suplemento no estuviese en el todo desde el comienzo, nada sería. Tal vez siempre estuvo, desde el mismísimo comienzo. No hay carencia absoluta, no hay vacío que contener.
El mundo natural sólo llega a ser significativo cuando es objeto de una Diacrisis, de un corte que asegura el triunfo del límite (peras), sobre el caos sin delimitación (Apeiron). Aquel límite proporciona un cálido lugar para refugiar la deformación del concepto de Ser desde una metafísica que no sabe de reparos sino de prescripciones.
Ante este contexto, y ya en situación de disponer de él, el suplemento yergue su forma. El suplemento desde afuera hace las veces de la parte del todo ausente dentro; como el todo no llega a ser el todo, para suplir la totalidad evanescente, es necesario añadirle un suplemento fuera. “Un más que reemplaza a un menos, que lo que se añade a algo ocupa el lugar de la falta de esa cosa”[31]. El presente es presente en virtud de aquello ausente: La huella de lo ausente.
La huella es el signo presente de algo ausente, cuya función latente es en último término delimitar. “Relación con una pasado que se sustrae a la memoria en el origen del sentido, que interrumpe la economía de la presencia e introduce en la vida de los signos lo incalculable, lo exterior”.[32]
La definición del signo gráfico en realidad es la definición de todo signo que todo signo es un significante cuyo significado es otro significante y nunca la cosa misma presente ante nosotros, tal como se nos aparece ante nuestros sentidos.
En las palabras de Derrida: “La escritura es el suplemento por excelencia, puesto que indica el lugar en el que el suplemento se da como suplemento de suplemento, signo de signo, haciendo las veces de una palabra ya significante”[33].
Más allá [34] de la dialéctica[35]
Si aquel que vino como cordero, volverá como león, es porque toma conciencia de sí mismo a través de su forma de estar ahí; él sabe que es una Proyección del Yo[36], el cual al fijarse, se separa y se diferencia. Pero, ¿cómo ser capaz de experimentar el ser esencial y ser capaz de manifestarlo en la vida cotidiana en forma naturalmente auténtica? O de otro modo, ¿cómo ser capaz de distinguir el cuerpo que se tiene del cuerpo que se es?
¿Todos los sentidos pueden resumirse en una cualidad y los diferentes sentidos pueden reconocerse en una cualidad particular?, ¿es posible desarrollar el órgano de la diferenciación de las cualidades?. Y todavía, ¿es posible pensar fuera de la primacía del presente?, ¿se puede rechazar el presente?
En sus Eneadas, señala Plotino que la Inteligencia[37] quiere ser lo Uno, dirige su mirada hacia él, y lo ve no hallándose separado... Quiere ser lo Uno, pero no es lo Uno. Es necesario, entonces, un pensamiento de la no-presencia, que no sólo sea lo opuesto a 'ciencia', sino que exista un pensamiento fuera de lo presente, y por tanto una experiencia de este pensamiento. La experiencia da testimonio de una presencia que no excluye lo ausente.
Se vuelve a una experiencia general a riesgo de devenir en un empirismo más. Derrida no hace referencia a una experiencia particular que invalida una proposición general, ya que no es posible refutar el principio de identidad. Pero denuncia la falsa identidad de lo que se nos presenta, es decir, revela cómo la identidad ocultaba una diferencia.
Ahora. No es solo que la identidad oculte la diferancia, sino que encubre y permite, mediante tal metafísica, apelar a un principio o identidad superior que finalmente justifica toda historicidad. Aquella identidad ‘elevada’ se encontraría en otro lugar, distinto al sedentario espacio que la tradición le había asignado por lugar.
Aquella experiencia general requiere de la experiencia del texto general. Todo texto es doble. Dos textos en uno. El primero retiene el sentido y presencia clásica. El segundo no les es asequible al primero, aún así, es descifrable, pues, el primero tiene huellas o fisuras que remiten al segundo. Como fuese, ambos no son contrarios, ni reconciliables; si no son semejantes, o ligeramente desfasados.
El pensamiento de la no presencia[38] no es un pensamiento foráneo[39], en un momento histórico lleno de exotismo y pensamientos foráneos. Es ella misma en tanto que otra, simulacro de sí mismo. El valor de verdad de un enunciado no se garantiza por el vínculo entre éste y el sujeto que lo emite; sino por el contrario están distanciados, el destinador y su mensaje por la propia naturaleza del lenguaje.
Así, entre el texto de Platón y él mismo se cruza un velo apenas perceptible, que lo separa de sí mismo. Aquel intersticio oblicuo proporciona la superficie de reflexión que dicho pensamiento requiere para fundar su doble ciencia. Tal texto permite la transgresión y el exceso manifiesto respecto al texto latente.
Ya no hay diferencia en el sentido de opuestos, dentro/fuera, deseo/satisfacción. La identidad es diferencia y la diferancia es identidad. Finalmente, su doble sentido no se puede controlar, pero sí deconstruir.
Notas
[1] Sebastián Rossel, Docente e investigador, Universidad La Serena, 2005.
[2] Baudrillard, J., “De la seducción”, Ed. Cátedra, Madrid, p.15.
[3] Piccoptero, A., “Te las mandaste Horacio”, Ed. Forzum, Bogotá, 1974, p. 45.
[4] Della Volpe, G., “Historia del gusto”, Ed. Visor, La balsa de la medusa, Madrid, 1987, p. 19.
[5] “Estructuralismo... es el nombre con que se ha dado a conocer a la opinión, la conversión de la filosofía en crítica de la fenomenología. (...) El inventor del método estructural probablemente es “El maestro de filosofía” que pone en escena Moliere en “El burgués gentilhombre” (acto II, escena V). El señor Jourdin quiere escribir a la Marquesa una carta...Le pide una lección de retórica al maestro...” Quiero únicamente, dice, estas palabras del papel, pero dispuestas según la moda, arregladas como es debido. Le ruego que me diga, más o menos, para hacerme una idea, las diversas maneras en que se pueden poner. (...) Hay dos etapas en la resolución de este problema: 1. identificar los elementos, y proceder para ello al desglose del conjunto dado... en segmentos elementales. 2. descubrir las diferentes maneras de componer estos elementos, de manera que obtengamos mensajes diferentes los unos y los otros”. Descombes, V., “Lo mismo y lo otro”, Ed. Cátedra, Colección Teorema, Madrid, 1998, pp. 112-114.
[6] En la ciencia positivista sólo tienen sentido los conceptos verificables. Desde que el Círculo de Viena y el Positivismo lógico recogen la tradición positivista sobre el pensamiento objetivo y la capacidad de las ciencias naturales de descubrir la verdad y la utilización de la lógica y la matemática para establecer normas y prescripciones de indagación.
[7] Todo aquello que esta en el lenguaje está en nuestro mundo; ello nos proporciona un registro lingüístico ante el cual podemos establecer ciertos controles. Ahora, los discursos que circulan no refieren una verdad cartesiana, sino verdades culturales sustentados argumentativamente en términos de verosimilidad.
[8] Foucault, M., “Las palabras y las cosas”, p. 206.
[9] Hay categorías tradicionales de textos, como: descriptivos, argumentativos, diálogo, y narrativos. Y además existen textos: descalificativos, contraargumentativos, y prescriptivos.
[10] Llamada en un segundo momento Diseminación (la escritura como pensamiento, la huella, la diferencia). Sin embargo, en su contexto inicial proviene de la Destruktion* y Abbau** de la que habla Heidegger en Ser y Tiempo en torno a la historia de la ontoteología. Ambos conceptos permitían una aplicación a la estructura o a la estructura tradicional de los conceptos de la ontología “blanca”.
* La Destruktion podría designar una operación negativa ahí donde la descripción destaca una simple recepción de datos. La desconstrucción es la forma que pone en evidencia la ingenuidad fenomenológica, y por tanto, esta palabra no debe entenderse en un sentido negativo (derribar), sino muy positivo (delimitar)...
**La des-sedimentación de las capas de sentido en la historia genética de una producción intencional.
[11] Descombes, V., “Lo mismo y lo otro”, Ed. Cátedra, Colección Teorema, Madrid, 1998, pp. 110-179.
[12] Descombes, V., Ibid., pp. 183-184.
[13] Derrida., J., “De la gramatología”, Ed. Siglo veintiuno, Madrid, 1998, p. 183.
[14] Ontología del presente en las palabras de Vattimo; Estética de la existencia, en las de Foucault.
[15] Gadamer, H., “El giro hermenéutico”, Ed. Cátedra, Madrid, p. 97.
[16] Por tal razón, cabría indagar si la fenomenología habría que atravesarla ó, Radicalizarla.
[17] Señalado en el sentido filológico.
[18] Tal significación de la Diferencia divide al presente, y hace que nada este ausente. Pero también, hace que el presente nunca tenga lugar verdaderamente.
[19] Baudrillard, J., “De la seducción”, Ed. Cátedra, Madrid, p. 67.
[20] Neologismo creado por Derrida a partir del verbo diferir: Différir, retarder, o arriérer, verbos que de una u otra manera acentúan aún más la noción de retardo originario. Diferir es ‘no ser idéntico’, El presente difiere de sí mismo. Además, significa ‘dejar para más adelante’, el presente es un presente diferido. Esta diferencia es la que produce la historia. Si hay historia es porque desde el origen el presente esta en retraso respecto a sí mismo.
[21] En el sentido de ‘catálogo’, ‘fichero’, o ‘álbum’, que de cualquier modo esta en función de sus pegatinas, láminas o ventanas que nos llevan siempre hacia algún lugar.
[22] Derrida., J., “De la gramatología”, Ed. Siglo veintiuno, Madrid, 1998, p. 309.
[23] Derrida, J., “El lenguaje y las instituciones filosóficas”, Ed. Paidós, 1995, p. 32.
[24] “...que la escuela y los libros aún no han ofuscado ni ensombrecido...”, Derrida, J., Ibid, p. 62.
[25] Peñalver, P., en la introducción a la obra de Derrida, J., “La desconstrucción en las fronteras de la filosofía- La retirada de la metáfora”, Paidós/I.C.E. – U.A.B., Barcelona, 1989, p.17.
[26] Répétition del verbo répéter: repetir, reproducir, reflejar. Ensayar.
[27] “La metafísica consiste entonces en excluir a la no-presencia determinando al suplemento como exterioridad simple, como pura adición, o como pura ausencia.”, Derrida, J., Ibid, p. 211.
[28] Baudrillard, J., Ibid, p. 55.
[29] Baudrillard, J., Ibid, p. 69.
[30] Derrida., J., “De la gramatología”, Ed. Siglo veintiuno, Madrid, 1998, p. 203.
[31] Derrida, J., “De la Gramatología”, p. 308.
[32] Peñalver, P., Ibid, p.17.
[33] Derrida, J., Ibid, p. 398.
[34] ¿Habrá un lugar fuera de la metafísica que nos permita soportar la presión del Logos? O estamos condenados a dotar a todo cuanto es de un sentido estructural; y otorgarle, enfermizamente a Todo-cuanto-se-nos-presenta, sentido.
[35] Quedará inconcluso indagar el parentesco de Derrida con Hegel...
[36] La forma causa la impresión de separación.
[37]Intelligere en latín significa “leer en profundidad el sentido de las cosas”, éste leer profundo debe entenderse como un sistema de signos o lenguaje vuelto hacia la humanidad.
[38] Benjamin y Bataille son antecedentes de este pensamiento, pues ambos se cuestionaron, el primero en lo ausente y el segundo en la exaltación, en torno a ‘lo que falta’ en el Texto.
[39] A raíz de los llamados "pensamientos foráneos" (retorno al mito, tradiciones extranjeras, y sabidurías orientales) Foucault desarrolla un elemento constitutivo del ser, que él denomina ‘souci de toi’ en el marco de una ‘tekhné tou biou’, es decir, una práctica existencial que le permite al sujeto superarse a sí mismo, o automejorarse: Self-healing, entiéndase técnicas ascéticas, yoga y demases...Todas ellas son Tecnologías de Yo = (Autocuidado).
23:10 Anotado en Deconstrucción | Permalink | Comentarios (0) | Tags: difer@ncia





