03.01.2005

KUNDALINI

Despertar a Kundalini, controlar su velocidad de giro y, finalmente encender el Fuego interno, es un camino que según textos de oriente es algo que en determinados momentos de la vida puede emprenderse voluntariamente tras un largo y metódico camino.


El hombre y la mujer son seres que al reflejar luz, nace en un gran acto de voluntad de nuestra capacidad creadora. Por tanto, estar VIVO es manifestación y vínculo que une el ser humano y la su entorno (1).

 

Estar entero y permanecer en perspectiva frente al caos parece ser el objetivo de una gran vida, y para ello sólo un ser íntegro, entero puede amar en verdad. Su amor es su fuente de energía. Él participa de una jerarquía circular, que lo ubica lejos o cerca del centro, dándole la capacidad de intuir la unicidad y participar de la unicidad al lograr su enteresa en un Todo.

 

Al perder el centro, lo extrañamos sin recordar. Únicamente una energía misteriosa nos señala la dirección correcta. La meta de tal búsqueda vive en nosotros, en nuestra totalidad, al menos como potencia, que influencia directamente nuestra vida cotidiana y nuestra forma de abordar la realidad.

 

El arquetipo representa una posibilidad para nosotros, algo vacío en sí mismo, pero que nos proporciona el molde en el cual podemos verter nuestra sangre para llegar a Ser. La energía que nos habita es Kundalini, energía que nos ayuda a comunicarnos con la gran madre-fuente de vida. Para entrar en ese vínculo, que diferencia al estar vivo y vivir es necesario trascenderse, o más bien Recordarse[2].

 

De modo que lo constante únicamente puede ser llevado a cabo por el cambio, es decir, que como lo señala en axioma mágico: el equilibrio está en el movimiento. En oriente el Pü es lo constante en el cambio hacia su materia original. La esencia antes del cambio que, sin embargo, cambia.


Intuir su presencia nos conmueve y nos llega a través de las relaciones significativas de nuestra experiencia. En consecuencia, el relacionarnos con el otro y los demás forma parte de nuestro “llegar a ser”.

 

Amar, por tanto, es la crisálida donde realizamos nuestra comunión con la fuente original. Su emoción nos moviliza todo nuestro ser interno; nos individua, nos realiza, de modo que Amar a alguien es estar en uno mismo, estar en el otro, y estar en el centro del universo. A través del Amor nos poseemos.

 

Osho, señala que “la primera manifestación de la búsqueda de unicidad y de integración es el sexo. El sexo como expresión de continuidad en el tiempo y el espacio, y como expresión de integridad físico-espiritual. “En el erotismo hay una manifestación absoluta de entrega y de absoluta propiedad: entrega de la posesión de sí mismo.


El corazón y la mente de una persona disponiéndose a percibir una señal del cielo. En el plano sexual hay una excitación de la energía cósmica y ésta intenta salir a través de una explosión genital.

 

El erotismo es una fuerza de la naturaleza que se manifiesta en flujos rítmicos que coinciden con los flujos rítmicos del individuo y, por tanto, fuente de equilibrio y unificación. Es la danza natural de una mujer o un hombre con la naturtaleza.

 

El sexo es sólo una forma de utilizar la energía vital. La individualización no excluye al mundo, más bien lo contiene. La experiencia sexual debiera ser, entonces, manifestación del proceso de individuación.

 

Si la energía fluye en otra dirección, no hay sexo, no hay sublimación, sino más bien ocurre una transformación.La energía tal como es no es sexual, ni espiritual, es neutra, el nombre depende de la puerta por la cual fluya. Cuando luchas contra la energía, luchas contra ti mismo.

c193fec7400af4d2bc232f2afa96e476.jpgEl sexo debiera ser tomado como lo que es. Es el fundamento biológico que permite que la vida exista, por tanto, no le otorguen significado alguno. Limítese a contemplar los hechos. No hagan nada a favor o en contra del sexo. Y no asuman ninguna actitud anormal frente a él” subraya Osho.

“Existe una relación entre muerte y placer sexual vinculados a través de la fuerza compulsiva del deseo sexual. El orgasmo genital es violento y deseable porque toda la naturaleza a través de su ritmo esta apoyando atávicamente éste acto.

Y es por lo que, luego, el sexo como necesidad de placer se transforma en una involuntaria y obsesiva expectativa. En síntesis, el sexo es compulsivo y tan compulsivo que sólo podemos trascenderlo alcanzando lo divino.

“El acto sexual no es en realidad un diálogo entre un hombre y una mujer. Es un diálogo de una mujer con la naturaleza  Y el diálogo de un hombre con la naturaleza, que por un instante se encuentra en el flujo cósmico, se esta en una armonía celestial, sintonizado con el todo. De ésta forma el hombre se realiza a través de la mujer y la mujer a través del hombre.

Ellos no están completo, son dos fragmentos de un todo. Así, cada vez que se fusionan en el acto sexual pueden estar en armonía con la naturaleza subyacente de las cosas: Pü. Y aún cuando se necesitan ambos para impulsar las energías cósmicas, una vez impulsadas las energías en ambos, el diálogo es personal, único e intransferible.

Y aunque sea por unos pocos segundos es transparencia con la transparencia de la naturaleza, cuyo único objetivo es expandir la energía vital comprometiendo todos los chakras y los cuerpos sutiles o niveles vibracionales permitiendo parirnos, volver a nacer. El verdadero amor nos es un preámbulo. Es una fragancia. Y no se encuentra antes del sexo, sino después. No es un prólogo sino un epílogo.

Si el sexo llega a ser meditativo, sólo entonces llega a percibirse la fragancia que subsiste detrás de él, un sentimiento que no es un preámbulo, es una meditación. La meditación es un proceso de expansión de la energía vital que nos reintegra al flujo de las energías cósmicas de la naturaleza, energías que se manifiestan a través de flujos constantes y rítmicas. Así, la meditación es un acto de trasparencia y, un movimiento equilibrado y armónico.

      Notas

   [1] “La salida está hacia adentro”. La metáfora del laberinto.
      [2]  Reactualizarse mediante un esfuerzo conciente llamado recuerdo de sí.

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